Uno de los motivos más frecuentes de retraso en una compraventa es la documentación incompleta, tanto por parte del comprador como en relación con la vivienda. Preparar todo con antelación agiliza el proceso y evita perder la fecha de firma pactada.
Si la compra se financia con hipoteca, el banco suele pedir: las últimas tres nóminas o, en caso de autónomos, la declaración de la renta y el modelo 130 de los últimos trimestres; la vida laboral actualizada; el contrato de trabajo o alta de autónomo; el extracto de movimientos de las últimas cuentas bancarias; y el DNI o NIE en vigor. Si hay ahorros que justifiquen la entrada, conviene tener documentado su origen (herencia, venta de otra vivienda, donación), porque los bancos revisan movimientos atípicos por normativa de prevención de blanqueo de capitales.
Por parte de la vivienda, el vendedor debe aportar: la escritura anterior de compraventa, el último recibo del IBI, el certificado de estar al corriente de pago con la comunidad de propietarios, la cédula de habitabilidad vigente y el certificado energético, obligatorio desde 2013 para cualquier venta.
El notario, por su parte, solicitará la nota simple actualizada del Registro de la Propiedad (con una vigencia recomendada de pocos días antes de la firma) y comprobará que toda la documentación anterior esté en regla antes de autorizar la escritura.
Como agente, preparo con mis clientes un dosier completo antes de iniciar la búsqueda de vivienda, de forma que cuando aparece la oportunidad adecuada, la parte documental no sea el cuello de botella que haga perder la operación.